
Y dice la mitología que Pandora abrió una ánfora y salieron todos los males que desde entonces nos asolan..
Yo hoy he abierto también una caja de Pandora, de ella han salido muchos, muchísimos abalorios. Que no es que hayan constituido la personificación de todos mis males, pero si han conseguido despertar todos mis remordimientos. Desde lo más profundo.
Y me temo que, si tuviera dinero suficiente, no podría parar. Antes de entrar a la tienda, mi prototipo, mi idea, era que no quería recargarla mucho, que prefería que bailaran un poco las cuentas en mi muñeca. Ahora ya no estoy tan segura, claro que no he podido probarlo y seguramente ni de lejos pueda soñarlo, ¿o sí?.
Mi perdición más inmediata está en los abalorios de cristal de Murano, o no, vuelvo a decir, porque Pandora en la mitología y en la realidad son sinónimo de perdición. La esperanza se debió quedar muy al fondo de la caja. Combinar el color de tus cuentas de cristal según la ropa que llevas, tu estado anímico y demás bobadas intrascendentes en la realidad, suena maravilloso y decadente, a partes iguales.
Otra cosa buena de estas pulseras es que, de momento y en mi ciudad, no se han visto mucho. Las dependientas presumen de que no los tienen libres nunca pero lo cierto es que aún no han llegado al grado de extensión de los bolsos de Carolina Herrera o los anillos de Tous, ambas cosas en modelos similares o idénticos generalmente, ¡menuda plaga!
Empezamos a presumir de ciudad que está creciendo y no encontramos mejor manera de hacerlo que descubriendo un complemento femenino caro y explotarlo hasta la extenuación. Al final, un bolso de CH visto por la calle (modelos similares todos los vistos, recordémoslo) no se me antoja elegante si no que hasta tiene cierto grado de vulgaridad; no en un sentido pijo-selecto "buah, es que ahora cualquiera por ahí te lleva estas marcas aunque no sean nada" (golpe de efecto cuello-melena hacia atrás), si no en el sentido de qué cateta es la masa. Somos como un pueblo grande: si la gente que demuestra su poder adquisitivo se ha comprado "esto" vamos a comprárnoslo todos también, ¡a ver si se van a pensar que somos menos! Y ale, todos nos paseamos con las mismas cosas, como si Carolina Herrera no hubiera creado nada más o como si no existieran otros diseñadores.
Por lo que me descubro pensando que, a pesar de los euros escapados tras abrir la caja, sigue quedando la esperanza encerrada en ella. Por favor, que la pulsera de Pandora no se convierta en el nuevo complemento imprescindible esta temporada.
Yo hoy he abierto también una caja de Pandora, de ella han salido muchos, muchísimos abalorios. Que no es que hayan constituido la personificación de todos mis males, pero si han conseguido despertar todos mis remordimientos. Desde lo más profundo.
Y me temo que, si tuviera dinero suficiente, no podría parar. Antes de entrar a la tienda, mi prototipo, mi idea, era que no quería recargarla mucho, que prefería que bailaran un poco las cuentas en mi muñeca. Ahora ya no estoy tan segura, claro que no he podido probarlo y seguramente ni de lejos pueda soñarlo, ¿o sí?.
Mi perdición más inmediata está en los abalorios de cristal de Murano, o no, vuelvo a decir, porque Pandora en la mitología y en la realidad son sinónimo de perdición. La esperanza se debió quedar muy al fondo de la caja. Combinar el color de tus cuentas de cristal según la ropa que llevas, tu estado anímico y demás bobadas intrascendentes en la realidad, suena maravilloso y decadente, a partes iguales.
Otra cosa buena de estas pulseras es que, de momento y en mi ciudad, no se han visto mucho. Las dependientas presumen de que no los tienen libres nunca pero lo cierto es que aún no han llegado al grado de extensión de los bolsos de Carolina Herrera o los anillos de Tous, ambas cosas en modelos similares o idénticos generalmente, ¡menuda plaga!
Empezamos a presumir de ciudad que está creciendo y no encontramos mejor manera de hacerlo que descubriendo un complemento femenino caro y explotarlo hasta la extenuación. Al final, un bolso de CH visto por la calle (modelos similares todos los vistos, recordémoslo) no se me antoja elegante si no que hasta tiene cierto grado de vulgaridad; no en un sentido pijo-selecto "buah, es que ahora cualquiera por ahí te lleva estas marcas aunque no sean nada" (golpe de efecto cuello-melena hacia atrás), si no en el sentido de qué cateta es la masa. Somos como un pueblo grande: si la gente que demuestra su poder adquisitivo se ha comprado "esto" vamos a comprárnoslo todos también, ¡a ver si se van a pensar que somos menos! Y ale, todos nos paseamos con las mismas cosas, como si Carolina Herrera no hubiera creado nada más o como si no existieran otros diseñadores.
Por lo que me descubro pensando que, a pesar de los euros escapados tras abrir la caja, sigue quedando la esperanza encerrada en ella. Por favor, que la pulsera de Pandora no se convierta en el nuevo complemento imprescindible esta temporada.
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