jueves, enero 22

De complicaciones

Me canso de mi madre.

No tengo ordenador. Mamá decidió bajarse un bonito fondo de Campanilla que resultó ser un troyano y se ha cargado mi ordenador y el suyo.

Con paciencia y esfuerzos, el suyo se arregló. Con pocos esfuerzos por nuestra parte según ella, pero es que quería que el mundo se paralizara en torno a ella y volver enseguida a jugar al Wow. Que Chess tuviera una recuperación del instituto y yo un examen de la facultad son hechos secundarios completamente, ¡dónde vamos a parar!

El mío tendrá que esperar a que yo tenga tiempo y encuentre un rato para subir a mi padre a casa cuando no esté mi madre. Por lo menos aprenderé a formatearlo de una vez, pero no quiero intentarlo sola.

Hoy le he comentado a J que cada vez me daba más la impresón que, aunque sea en menor medida, mi hermana y yo hemos pasado a ser una especie de sustitutivos de mi padre, encarnando la misma figura que suponía él para ella. J me ha dicho que el llevaba ya un tiempo teniendo esa impresión.

Mi madre cree que queremos que nos espere sentada en el sofá muerta de asco, para preguntarnos qué tal nos ha ido el día, y que claro, también queremos que todas las tareas de la casa recaigan sobre ella para que nosotras seamos felices y podamos estudiar, salir con nuestros novios y bla, bla, ... Demasiadas analogías con un discurso ya conocido.

Y no. Yo solo quiero que si hago cosas en casa parezca que me supervise mi madre, que no tengamos que estar nosotras continuamente pendientes de si se acaba la sal o la arena del gato, o de si hay comida para mañana. Que parece que seamos nosotras las madres que supervisemos lo que ella hace pero llevemos nosotras el control de todo. Yo quiero ayudarle, en todo lo posible, de verdad. Pero yo quiero que sea mi madre y, principalmente (que es ahí donde está el fallo), quiero que sea feliz de ser mi madre, nuestra madre. Que yo no sea un impedimento para vivir su vida (como dice ella) o un ente estorbante porque ensucia y come en su casa, y por tanto luego hay que limpiar una vez a la semana y cocinar cada día (o de vez en cuando, más bien).

No se trata, como ella piensa, de ver quien hace más tareas en casa o de si hace un número suficiente de ellas que yo considere apropiado para una madre. Se trata de que odio ver que todas esas cosas las hace como si tuviera una obligación impuesta, una que odia, como un "que he hecho yo para tener que cuidar primero de un marido y luego de mis hijas". Para mi madre cocinar es la obligación de tener que alimentar a dos seres que necesitan comida, y que menuda putada le gastan porque no les gusta la ensalada, le hemos salido así de caprichosas.

Pero como se piensa que es así y que encima nos quejamos de que es una mala madre, ya nos ha dicho que para que no ocurra más no nos va a dejar más responsabilidades, que ya se va a quedar sin vida, que nos hemos subido a su chepa pero que es el precio que tiene que pagar por haber tenido hijas.

Resulta complicado hablar con ella, resulta tedioso hablar de ella.

No hay comentarios: