Estábamos en un restaurante italiano pidiendo el postre, mi hermana (de 17), mi prima (16) y yo (22) pedimos un suculento helado de café y avellanas con baileys por encima. "Eso lleva alcohol", me espetó el camarero, "yaaaa..." contesté yo, pensando en si estábamos jugando a decir obviedades, "¿Y ya te dejan beber alcohol?". Descojone general a lo largo de la mesa y enrojecimiento, no sé con qué sentimiento dentro, de arriba a abajo por mi parte.
El martes fui a pedir la tarjeta fluvi dichosa para canjear mi pase de temporada de la Expo, en realidad acompañaba a mi padre, que conocía a la directora de la sucursal. "¿Así que esta es tu otra hija?¿Y qué curso haces?", contesté titubeante y medio susurrando, porque no sé hasta que punto llegan sus conversaciones, "cuarto....." ¿añado algo? No me da tiempo: "Ah, qué bien, el año que viene ya bachiller, ¿no?".
Y también el mismo día y en plena huelga de transportistas pasé por casualidad por un mercado en el que tenían bastante fruta. Como el día anterior nos habíamos quedado sin comprar pues allí que entré y durante la compra entablé algo de conversación con la frutera, quien insistentemente repetía: "Ay, qué contenta vas a poner a tu madre, ya verás, que contenta la vas a poner". Tiene su ironía, teniendo en cuenta que en los últimos meses hago más de madre yo y que soy yo la que va a sacarla del ordenador a ella. El caso es que no dije nada ni pregunté cuantos años suponía que tenía. ¿Para qué?
Yo, que iba tan chula a esas edades... Ahora me están haciendo agachar la cabeza.