Pequeño deja el baloncesto.
Ha perdido el gusto por algo que ha adorado siempre. Hubo un tiempo en que yo no estaba de acuerdo con que jugara, pensaba que le estorbaba mucho para estudiar, y a ratos, también, me sentía celosa del dichoso basket; compañero de andanzas desde preescolar, sumaba demasiadas vivencias acumuladas a las que hacer la competencia.
Con el tiempo me había ido acostumbrando, ahora se me antoja raro pensar en su vida sin el baloncesto; sin los entrenamientos partiendo la tarde, sin los partidos que a veces no dejan hacer más planes durante el fin de semana. Porque al final llegué a comprender su ilusión, o aceptarla, no lo sé.
Pequeño deja el baloncesto, y yo, que nunca he atendido a grandes pasiones, no sé como se siente ni como decirle nada.
Ha perdido el gusto por algo que ha adorado siempre. Hubo un tiempo en que yo no estaba de acuerdo con que jugara, pensaba que le estorbaba mucho para estudiar, y a ratos, también, me sentía celosa del dichoso basket; compañero de andanzas desde preescolar, sumaba demasiadas vivencias acumuladas a las que hacer la competencia.
Con el tiempo me había ido acostumbrando, ahora se me antoja raro pensar en su vida sin el baloncesto; sin los entrenamientos partiendo la tarde, sin los partidos que a veces no dejan hacer más planes durante el fin de semana. Porque al final llegué a comprender su ilusión, o aceptarla, no lo sé.
Pequeño deja el baloncesto, y yo, que nunca he atendido a grandes pasiones, no sé como se siente ni como decirle nada.
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