lunes, marzo 23

Recapitulando

Esta semana me cojo puente, yo y supongo que casi todos los universitarios de Zaragoza, en especial los que acabamos de tener nuestro último exámen de ¿Febrero?, de hecho, creo que de mi clase no se queda en la ciudad nadie... No nos han quitado las clases del viernes pero pasamos, claro, los profesores se cogen porque sí un día después de la cincomarzada pero nosotros no podemos elegir así el día de fiesta...

Tengo ganicas ya... En especial de ver la friki-exposición de Marvel-superhéroes en la Ciudad de las Ciencias de Valencia, tiene pinta de infantiloide pero nos pareció curiosa y dijimos que volveríamos. Habrá que mirar los tipos de entradas y qué más cosas se pueden ver con ellas, aunque en este tipo de sitios no se puede hacer todo de una tacada. También me gustaría ver la doble hélice de ADN, gigante, que me han dicho que es impresionante aunque esté mal hecha.

Doble ración cómic-cultural es la que tuvimos el viernes pasado. Por un lado, la exposición Goya y el mundo moderno, que a poco se me pasa la fecha de ir (quedan pendientes las dos de Los Sitios), me gustó mucho, aunque como siempre lo más moderno.... Pues sí, que me lo intenten explicar todo lo que quieran pero, como la poesía moderna, yo no sé por donde cogerlo y ya está. A raíz de esta exposición estuvimos hablando de la poca proyección que le damos a Zaragoza y en especial la poca publicidad goyesca, que debería ser aprovechada en condiciones, creo que tenemos mucho más que dar y que enseñar, lo que tenemos no está lo suficientemente promocionado por lo que es poco visible y falta un mayor aprovechamiento del patrimonio. En fin, por otro lado, la ración de cómic vino en el cine con "Watchmen", lo mejor de la peli fue que al encender las luces J me dijo: "Vale, cariño, esta vez te debo yo a tí una película", este tipo de conversación tiene sus orígenes en cuando se me ocurrió que fuéramos a ver Elephant (de Gus Van Sant) a la filmoteca, y desde entonces creo que he oído más veces el "Me debes una" que a la inversa.

Mañana, un día menos para la escapada.

domingo, marzo 1

Una pequeña visión de cine

(Ojo, destripo peli)

El psiquiatra con el que estuve de prácticas me recomendó ver "El marido de la peluquera", hoy lo he hecho... Y no me ha gustado. La peli tuvo su "bombo" en su momento, se habló de ella y adquirió buenas críticas... Creo que más que nada porque hay gente que le gustan esas cosas insulsas que parecen (o no) esconder tanta cosa dentro, que además no digo que no la esconda, por lo menos esta, pero intuir complejidad y que lo que veas te guste sólo por ese motivo es diferente.

Ojo, que igual me equivoco, y ya digo desde el principio que me da la impresión que se me ha escapado mucha miga, mañana hablaré con mi psiquiatra (tengo que entregarle un trabajo) y le diré que me parece que me ha recomendado algo para aquellos que conocen y aman a Freud, o el psicoanálisis en todas sus variantes, vete a saber, que yo no estoy en el mundillo. Intuyo porque le gusta la película, supongo que a él ya todos los psiquiatras que sigan por esas corrientes (que no son todos), pero entonces no entiendo muy bien su éxito de crítica. Ya sé, que yo sea una ignorante no quiere decir que todo el mundo lo sea, pero que resulte que todo el mundo entienda a Freud, Lacan y compañía... Me da la impresión de que a la gente le gusta ir de cultureta, como de vez en cuando a mi amiga la mariposa y sus amigos raros, con su forma de pensar tan elaborada, transgresora y bla bla... (Me aburro, lo que dices no es nuevo, suena a manido y encima apesta)

La película comienza con el protagonista hablando acerca de unos bañadores de lana que su madre le hacía ponerse, éstos le hicieron ser consciente por primera vez de sus genitales (básicamente porque le escocían los cojoncillos del roce) lo cual te pone sobreaviso en plan: Uuuyy, ya estamos con Edipo, el progenitor como primer objeto de deseo, sexual o yo que sé en el inconsciente y bla... Luego la teta de la peluquera, que no sé si volverá a ser una referencia a lo materno pero fijo que tiene su aquel, bueno, que al final el hecho de que su objeto del deseo sea una peluquera también tendrá su motivo (digo yo)... Pero se me escapa (como el resto de la peli), en fin, que dejamos al niño de doce años cuyo objeto del deseo está encarnado en una peluquera, y por tanto tenemos al ello metido por ahí, sí, eso de las pulsiones o deseos primitivos que forma parte de nuestro inconsciente...

Y creo que a partir de ahí se me escapa todo, aunque creo que identifico el resto de puntos clave igualmente... Cuando el deseo de casarse con la peluquera se materializa esto provoca la muerte del padre y el rechazo de la madre, Mathilde que si existe es porque Antoine la desea, Mathilde que no quiere pensar en sentirse abandonada, el "me voy para que me no me olvides" y otros...

Pero ignoro que significado tiene todo aquello, y me niego a las respuestas simples tipo es que hay que ver la sutileza que destila el haber encontrado el amor verdadero y la felicidad absoluta y una vez hallados este transcurre de forma tan efímera, ... O el esta película hace que te dejes seducir... O el simplemente, yo me identifico plenamente con todos esos deseos y pulsiones y yo love Freud (creo que es lo que vienen a decir los progres y modernos)... En fin que me niego a oír cosas que suenan a bobadas, porque no me las trago.

Sigo diciendo, igual me equivoco, que tiene que haber una jodida sesión de psicoanálisis ahí debajo.

Y la única conclusión que saco es que no sé porque no he visto otra película.

jueves, febrero 26

Huir

No sé por qué pero desde el segundo año de carrera (o así) siempre tengo ganas de salir corriendo antes de un examen.

Sé que antes no tenía esa inseguridad, casi hasta me gustaba presentarme al examen y sentir la satisfacción de ver como era capaz de contestar, de dejar por escrito lo que había aprendido, demostrar lo que había trabajado.

Igual es cosa de ese sentimiento global que me invade de no saber nada, no me refiero ante un determinado examen, por saber que tenía que haber estudiado más, etc. Si no más bien a una sensación general de que mis conocimientos son muy imprecisos y de que voy a sentirme muy desamparada el día de mañana cuando me tenga que enfrentar a mi trabajo.

Ahora, antes de hacer un examen siento que estoy vacía y no sé nada. Lo malo es que a veces también lo siento cuando ya tengo los folios delante. Y no me desatasco, o no del todo. Veo las páginas, los colores del subrayado, la distribución de los párrafos en mis apuntes... Pero no consigo ver la letra que hay dentro y lo que he escrito.

El de mañana es un examen de desarrollo, normalmente mis pruebas ya suelen ser casi todas de test y lo cierto es que en los últimos que he tenido de este tipo no me ha ido demasiado bien. Cuando se trata de elegir una respuesta entre cinco sólo tienes que buscar en tu mente un dato concreto, o colocarte en una situación concreta, no hacerte una composición mental entera, y aunque cuando estás en prácticas e interaccionas con tu médico (si, algunos se prestan a las prácticas de verdad) tienes que hacer uso de esos conocimientos, no lo haces con un reloj corriendo, un folio en blanco delante y todos tus compañeros separados con el DNI sobre la mesa.

Guardo demasiada negatividad últimamente hacia mi carrera, un poco de desesperanza, quizá. Si ni siquiera consigo que mi propio novio confíe en los médicos o en el sistema en general, y no sé que hacer con él cada vez que le ocurre una nimiedad, no sé que espero hacer el día de mañana... Supongo que atender a pacientes descontentos con el sistema, quemados con el sistema, que piensen que la medicina es capaz de todo y que su médico no es capaz de moverse por nada.

Entran ganas de huir, de no hacer nada. Y sin embargo, aquí sigo.

viernes, enero 30

Determinación

He cenado dos noches seguidas fuera.

Ayer cené lo mismo que mi novio que casi pesa el doble que yo. Hoy definitivamente he cenado más que mi novio que casi pesa el doble que yo (y además le he añadido un coulant de chocolate de postre). Las dos veces he llegado a casa con ganas de vomitar y clamando por bicarbonato.

Nunca me he dado mal por mi peso (seguramente porque nunca he estado excesivamente pasada) pero he decidido que esto es preocupante. Sobretodo porque recuerdo que una vez que comienzas a cenar mucho no puedes pararlo y volver a la tortilla francesa y la fruta.

Hace dos veranos llegué a mi máximo. Comenzó con un viaje a Alicante alimentada a base de congelados marca "Dedo" y acabó en un viaje a 10 días a Portugal donde juro que comí como no he comido nunca y eso sí que era para reventar. Engordé 5 kg y me temo que 3 ó 4 fueron del último viaje. Luego no pude parar hasta que me quitaron dos muelas del juicio a la vez, una de las heridas se me infectó y además poco después pillé una gastroenteritis de aúpa.

No sé porque resulta tan adictivo comer una vez que empiezas a ponerte hasta arriba de cosas buenas, pero sé que yo no tengo grandes necesidades energéticas. Necesito no convertirme en Ye y sus soluciones drásticas. Mañana ceno fruta.

jueves, enero 22

De complicaciones

Me canso de mi madre.

No tengo ordenador. Mamá decidió bajarse un bonito fondo de Campanilla que resultó ser un troyano y se ha cargado mi ordenador y el suyo.

Con paciencia y esfuerzos, el suyo se arregló. Con pocos esfuerzos por nuestra parte según ella, pero es que quería que el mundo se paralizara en torno a ella y volver enseguida a jugar al Wow. Que Chess tuviera una recuperación del instituto y yo un examen de la facultad son hechos secundarios completamente, ¡dónde vamos a parar!

El mío tendrá que esperar a que yo tenga tiempo y encuentre un rato para subir a mi padre a casa cuando no esté mi madre. Por lo menos aprenderé a formatearlo de una vez, pero no quiero intentarlo sola.

Hoy le he comentado a J que cada vez me daba más la impresón que, aunque sea en menor medida, mi hermana y yo hemos pasado a ser una especie de sustitutivos de mi padre, encarnando la misma figura que suponía él para ella. J me ha dicho que el llevaba ya un tiempo teniendo esa impresión.

Mi madre cree que queremos que nos espere sentada en el sofá muerta de asco, para preguntarnos qué tal nos ha ido el día, y que claro, también queremos que todas las tareas de la casa recaigan sobre ella para que nosotras seamos felices y podamos estudiar, salir con nuestros novios y bla, bla, ... Demasiadas analogías con un discurso ya conocido.

Y no. Yo solo quiero que si hago cosas en casa parezca que me supervise mi madre, que no tengamos que estar nosotras continuamente pendientes de si se acaba la sal o la arena del gato, o de si hay comida para mañana. Que parece que seamos nosotras las madres que supervisemos lo que ella hace pero llevemos nosotras el control de todo. Yo quiero ayudarle, en todo lo posible, de verdad. Pero yo quiero que sea mi madre y, principalmente (que es ahí donde está el fallo), quiero que sea feliz de ser mi madre, nuestra madre. Que yo no sea un impedimento para vivir su vida (como dice ella) o un ente estorbante porque ensucia y come en su casa, y por tanto luego hay que limpiar una vez a la semana y cocinar cada día (o de vez en cuando, más bien).

No se trata, como ella piensa, de ver quien hace más tareas en casa o de si hace un número suficiente de ellas que yo considere apropiado para una madre. Se trata de que odio ver que todas esas cosas las hace como si tuviera una obligación impuesta, una que odia, como un "que he hecho yo para tener que cuidar primero de un marido y luego de mis hijas". Para mi madre cocinar es la obligación de tener que alimentar a dos seres que necesitan comida, y que menuda putada le gastan porque no les gusta la ensalada, le hemos salido así de caprichosas.

Pero como se piensa que es así y que encima nos quejamos de que es una mala madre, ya nos ha dicho que para que no ocurra más no nos va a dejar más responsabilidades, que ya se va a quedar sin vida, que nos hemos subido a su chepa pero que es el precio que tiene que pagar por haber tenido hijas.

Resulta complicado hablar con ella, resulta tedioso hablar de ella.