Ahora que me había acostumbrado a que no me doliera tu ausencia vuelves a estar presente otra vez.
Me cuesta, reconozco que tengo puesta la coraza y que me dolió que te alejaras.
Por una parte, me alegro de que te recuperemos; por otra, tengo un sentimiento indefinido en el estómago. Uno negativo. Habla de desconfianza, quizá de rencor y le atribuyo un propósito interno de protección.
No más desilusiones. Me ha costado mucho tiempo acostumbrarme a tu nuevo papel, lo que menos quiero es tener que volver a pasar por ello.
Me encuentro en un estado ambivalente.
¿De verdad has vuelto?
Me cuesta, reconozco que tengo puesta la coraza y que me dolió que te alejaras.
Por una parte, me alegro de que te recuperemos; por otra, tengo un sentimiento indefinido en el estómago. Uno negativo. Habla de desconfianza, quizá de rencor y le atribuyo un propósito interno de protección.
No más desilusiones. Me ha costado mucho tiempo acostumbrarme a tu nuevo papel, lo que menos quiero es tener que volver a pasar por ello.
Me encuentro en un estado ambivalente.
¿De verdad has vuelto?
2 comentarios:
No se puede decir que no nos alegremos de que vuelva, reconozcámoslo.
Y lo cierto es que las desilusiones en compañía (sobre todo la tuya) y con un buen daiquiri pasan mucho mejor.
Y no lo he dicho ;) pero de momento no voy a decir tampoco lo contrario muy alto (por si acaso)
Muchas gracias por lo segundo, nena.
Publicar un comentario